Llanos de Ojuelos: un tesoro de biodiversidad. Parte I: El fascinante mundo de los roedores silvestres

Autor:
Mónica Elizabeth Riojas López
Categoría:
Biodiversidad
Publicada:
Abr 8, 2026

Lizeth Verónica Medrano Figueroa

Mónica Elizabeth Riojas López

Laboratorio de Ecología de Fauna Silvestre y del Paisaje

Departamento de Ecología Aplicada

CUCBA-Universidad de Guadalajara

Figura 1. Ubicación de Los Llanos de Ojuelos. Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Ubicados en la convergencia de los estados de Jalisco, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes y Guanajuato, Los Llanos de Ojuelos (fig. 1) conforman una región semiárida que alberga una biodiversidad peculiar, poco estudiada y valorada. Su paisaje es un mosaico de vegetación natural compuesto por pastizales, matorrales xerófíticos, bosques de encinos y pinos y humedales (represos y arroyos) entremezclado con parcelas agrícolas y ganaderas. Desde la llegada de los españoles, hace más de 500 años, la región ha sido modificada por actividades humanas como la ganadería, la agricultura y la urbanización, pero, no obstante, aún conservan hábitats silvestres que albergan una notable diversidad de flora y fauna nativas.

Figura 2. Comparación de tamaño de un ratón cosechero (Reithrodontomys fulvescens) con una rata magueyera (Neotoma leucodon)
Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

El mundo de roedores

Dentro de la fauna, destacan los roedores silvestres por su abundancia y diversidad. Aunque a menudo solo distingamos dos o tres especies, este grupo es unos de los más diversos y numerosos entre los mamíferos, con aproximadamente 2,050 especies en el mundo que incluyen ardillas, ratas, ratones, tuzas, capibaras, puercoespines, castores, por nombrar algunas, y se distribuyen en prácticamente todo el planeta.

A pesar de sus tamaños variados (fig. 2; de los 4 g hasta los 65 kg de un capibara) y de existir especies tanto diurnas como nocturnas, todas comparten una característica clave: sus dientes incisivos. Ubicados al frente de la boca, son relativamente grandes, curvos, muy afilados y con punta en forma de cincel. Debido a que crecen continuamente a lo largo de su vida, esta adaptación les permite roer materiales duros, como semillas y tallos, sin que el desgaste sea un problema, ya los incisivos volverán a crecer. Otras características que les han permitido colonizar casi cualquier hábitat en el planeta son su gran capacidad reproductiva alta y la amplia variedad de alimentos que pueden consumir que abarca desde plantas, semillas e insectos hasta huevos e incluso otros vertebrados pequeños como ranas y lagartijas.

Figura 3. Rata magueyera (Neotoma leucodon) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 4. Rata canguro (Dipodomys ordii) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

De ardillas a ratones de campo

En Los Llanos de Ojuelos se han documentado al menos 30 especies de roedores silvestres que incluyen ardillas, ratas, ratones y tuzas, cada una de ellas adaptada a condiciones y hábitats particulares. Las más comunes son el tachalote (Xerospermophilus variegatus), los ratones de campo (de los géneros Peromyscus (fig. 2) y Reithrodontomys; fig. 1), las ratas magueyeras (Neotoma spp.; figs. 1 y 3) y las ratas canguro (Dipodomys spp.; fig. 4).

Figura 5. Ardilla de Peters (Sciurus oculatus) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 6. Ratón cuatroalbo de Meseta (Peromyscus melanophrys) sobre un nopal cardón. Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Entre las ardillas, además de los tachalotes, destacan la ardilla de Peters (fig. 5; Sciurus oculatus) y la ardilla terrestre o motocle (Ictiomys sp.). La ardilla de Peters, una especie poco común que habita cerca de los arroyos donde hay árboles altos y frondosos, y el motocle que prefiere pastizales de suelo es más o menos blando. Por su parte, los llamados ratones de campo que son los más numeroso habitan prácticamente todos los ecosistemas regionales, pero no todos están en todas partes. Por ejemplo, los ratones cuatroalbos pequeños y medianos (10-25 g, Peromyscus spp.), los cosecheros (Reithrodontomys spp.) y las ratas algodoneras (Sigmodon spp.) buscan áreas con buena cobertura de hierbas. En cambio, los de cuatroalbos de mayor tamaño (30-60 g) prefieren matorrales con nopales altos, a los cuales trepan con gran agilidad, sobre los cuales construyen sus nidos (fig. 6).

Figura 7. Ratón de abazones sedoso (Perognthus flavus) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 8. Ratón de abazones de Nelson (Chaetodipus nelsoni) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Especialistas de la aridez

Otro grupo notable de roedores son los ratones de “abazones”, llamados así por las bolsas a los lados de la boca que usan para transportar las semillas que colectan. Estas especies están muy bien adaptadas a la aridez: prácticamente no beben agua en toda su vida, se alimentan estrictamente de semillas y solo en raras ocasiones comen brotes tiernos de plantas para completar su demanda de agua. Prefieren zonas abiertas, con poca vegetación y suelos arenosos que facilitan la excavación de madrigueras. Ejemplo de ellas son las ratas canguro (Dipodomys ornatus y D. ordii) y otras especies de ratones abazones, como el sedoso (Perognathus flavus; fig. 7) y el de Nelson (Chaetodipus nelsoni.; fig. 8).

Las más apreciadas

Algunas otras especies muy conocidas y apreciadas regionalmente son las ratas magueyeras de las que en la región se conocen dos especies (Neotoma leucodon y N. goldmani). Estas prefieren matorrales con arbustos de bajos a medianos, muy ramificados, y donde abundan los nopales, que son su principal alimento. La forma de los arbustos es muy importante porque los usan como sostén para construir sus madrigueras.

Pequeños gigantes del ecosistema

Aunque nuestra relación con los roedores no siempre es grata y algunas veces pueden causarnos incomodidad o desagrado, estas especies cumplen funciones ecológicas vitales:

a) Regeneración de la vegetación. Actúan como dispersores de semillas, pero también como depredadores de las mismas con lo que impiden que unas pocas especies puedan monopolizar un hábitat.

b) Ingenieros del suelo. Al excavar para construir sus madrigueras remueven y airean el suelo lo que favorece la infiltración del agua.

c) Controladores de plagas. Muchas especies se alimentan de insectos y podrían ayudar en controlar la abundancia de especies con potencial de plaga y así proteger indirectamente los cultivos.

d) Base de cadena trófica. Son alimento fundamental para aves rapaces, reptiles y otros mamíferos carnívoros.

Conclusión

La riqueza de roedores silvestres en Los Llanos de Ojuelos con su variedad de adaptaciones es un reflejo de la heterogeneidad de ecosistemas que aún persisten y denota su valor ecológico como un refugio de biodiversidad. La presencia, o ausencia de estos mamíferos pequeños sirve como un indicador de la salud del paisaje y sus cambios, ya sea por la intensificación agrícola, el sobrepastoreo o la fragmentación del hábitat. Estudiarlos, además de abrir una puerta para valorar la biodiversidad regional, también nos permite reconocer que incluso los organismos más pequeños son piezas clave del ecosistema cuya conservación está ligada al manejo responsable de nuestro territorio.

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