Biodiversidad florística de los Llanos de Ojuelos, Jalisco, un patrimonio biológico que debemos conservar

Autor:
Dra. Teresa Alfaro Reyna
Categoría:
Biodiversidad
Publicada:
Nov 6, 2023

José Antonio Arias Durón

Griselda Chávez Aguilar

Teresa Alfaro Reyna

Los Llanos de Ojuelos se ubica en una zona de transición entre la altiplanicie mexicana y la vertiente del Golfo de México, lo que hace de este sitio un entorno único y diverso que contribuye a la riqueza de especies vegetales con un papel crucial en el equilibrio ecológico y la sostenibilidad de la región. Aquí, la vegetación es variada, ya que abarca desde extensos pastizales hasta bosques de encinos de gran belleza escénica.

Pastizales

Los pastizales en los Llanos de Ojuelos están compuestos principalmente por una variedad de pastos nativos adaptados a las condiciones semiáridas de la región. Algunas de las especies de pasto comunes son Boutela gracilis, e hirsuta., Aristida sp., Eragrostis sp., Lycurus phleoides, Muhlenbergia repens, M. rigida, entre otras. Estas plantas son resistentes a la sequía y pueden sobrevivir en suelos con bajos niveles de humedad. Especies de pastos perennes nativos tienen la capacidad de soportar un alto grado de presión por sobrepastoreo.

Foto: Josué Delgado Balbuena, Muhlembergia rígida, hacienda de Santo Domingo, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Los pastizales no solo son importantes en sí mismos, sino que también interactúan con otros ecosistemas en los Llanos de Ojuelos. Por ejemplo, a menudo se les encuentra en bosques de encinos y matorrales xerófilos, creando un mosaico de hábitats que aumenta la biodiversidad general de la región. Además de su importancia para la fauna y la ganadería, los pastizales también proporcionan servicios ambientales como la captura de carbono y la prevención de la erosión del suelo, dado que sus raíces ayudan a mantener la estructura del suelo, evitando, además, la pérdida de nutrientes y materia orgánica.

Foto: Josué Delgado Balbuena, hacienda Languillo, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Herbáceas

Los Llanos de Ojuelos albergan una variedad de especies herbáceas nativas que han desarrollado adaptaciones para sobrevivir en condiciones semiáridas. Estas especies herbáceas pueden incluir hierbas, flores silvestres y otros tipos de plantas que no tienen estructuras leñosas permanentes. Ejemplos de especies herbáceas comunes en la región son la flor de San Juan (Bouvardia longiflora), la hierba del sapo (Eryngium heterophyllum), la tumba vaqueros (Ipomoea stans), girasol morado (Cosmos bipinnatus), hierba loca morada (Astragalus mollissimus), estrellitas (Milla biflora), entre otras.

Foto: Teresa Alfaro Reyna, CENID Agricultura Familiar, Ojuelos de Jalisco, Jalisco.

Las plantas herbáceas suelen tener un ciclo de vida más corto en comparación con los árboles y arbustos. Esto significa que germinan, crecen, florecen y producen semillas en un período relativamente corto. Esta adaptación les permite aprovechar al máximo las condiciones climáticas y los recursos disponibles durante las temporadas de lluvia.

Foto: Teresa Alfaro Reyna, Girasol morado (Cosmos bipinnatus), CENID Agricultura Familiar, Ojuelos de Jalisco, Jalisco.

Así mismo, desempeñan un papel importante en la prevención de la erosión del suelo, ya que desarrollan sistemas de raíces que mantienen la estructura y fertilidad del suelo durante las lluvias intensas. Algunas especies herbáceas pueden ser indicadoras de la salud del ecosistema y los impactos de las actividades humanas.

Foto: Josué Delgado Balbuena, Aceitilla, CENID Agricultura Familiar, Ojuelos de Jalisco, Jalisco
Foto: Griselda Chávez Aguilar, Estrellitas (Milla biflora), CENID Agricultura Familiar, Ojuelos de Jalisco, Jalisco.

Matorral xerófilo

Los matorrales xerófilos son característicos de las regiones áridas y semiáridas compuestos por plantas que han desarrollado diversas estrategias para conservar agua, como hojas pequeñas con cutículas gruesas y cerosas que reducen la pérdida de agua por transpiración, al igual que la perdida de hojas durante la época seca, y sistemas radiculares profundos para extraer agua del subsuelo. Poseen además espinas como medida de protección ante los herbívoros; esta es una adaptación que en algunas plantas como las cactáceas sirve también para reflejar el exceso de radiación.

El matorral xerófilo en los Llanos de Ojuelos incluye una amplia variedad de especies vegetales con diversas formas de vida, que van desde arbustos y árboles de porte muy bajo, arbustos con portes muy altos, hasta cactáceas suculentas, globosas o tubulares. La composición florística varía según las condiciones ambientales locales, que también pueden propiciar un alto nivel de especies vegetales endémicas. Además de ofrecer refugio, alimento y áreas de reproducción a diferentes especies de aves, mamíferos, reptiles e insectos. Los matorrales xerófilos influyen significativamente en el microclima al proporcionar sombra y reducir la evaporación del suelo.

Foto: Teresa Alfaro Reyna, Matorral xerófilo, hacienda Languillo, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Algunas especies de plantas xerófilas más comunes presentes en los Llanos de Ojuelos son: huizache (Vachellia schaffneri), mezquite (Prosopis laevigata, Prosopis sp.), Yucca (Yucca decipiens), palma pita (Yucca filifera), cardenche (Cylindropuntia imbricata), sangre de grado (Jatropha dioica), gatuño blanco (Mimosa monancistra), sotol verde (Dasylirion acrotrichum) y diferentes especies de agave (Agave salmiana, Agave sp.), nopales (Opuntia sp.) y una gran variedad de otros géneros de cactáceas.

Foto: Teresa Alfaro Reyna, Mammillaria uncinata, hacienda Languillo, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Las cactáceas desempeñan un papel crucial en los matorrales xerófilos al proporcionar alimento y refugio para la fauna silvestre, así como al contribuir a la estabilidad del ecosistema en condiciones de aridez. Además, muchas de estas especies vegetales tienen un valor cultural y económico, ya que algunas se utilizan en la alimentación y la medicina tradicional de la región. Su conservación es esencial para mantener la biodiversidad y la riqueza natural de la zona.

Foto: José Antonio Arias Durón, biznaga ganchuda (Ferocactus latispinus) CENID Agricultura Familiar, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Huizaches

En áreas delimitadas de los Llanos de Ojuelos, se pueden observar agrupaciones densas de huizaches (Vachellia schaffneri y Acacia farnesiana), a menudo acompañados de nopales y otras arbustivas. Estos huizaches también pueden encontrarse de manera dispersa, formando parte de la vegetación xerófila. Es importante destacar que estas especies suelen ser más abundantes en laderas o áreas donde existe mayor disponibilidad de agua subterránea.

Foto: Josue Delgado Balbuena, hacienda Languillo, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Los huizaches son xerófitos, lo que significa que están adaptados a ambientes secos. Presentan hojas modificadas y espinas para reducir la pérdida de agua, y un sistema radical profundo que les permite extraer agua del suelo incluso en condiciones de sequía. Estas modificaciones fisiológicas les permiten sobrevivir en superficies rocosas y en áreas con precipitación limitada.

Foto: Teresa Alfaro Reyna, Vachellia schaffneri, CENID Agricultura Familiar, Ojuelos de Jalisco, Jal.

Estos huizachales cubren gran parte de la región y son fundamentales para la práctica de la ganadería, en particular la cría de cabras, que se alimentan de los arbustos y vegetación baja, lo que les proporciona la disponibilidad de nutrientes en un entorno donde los pastos pueden ser escasos.

Bosque de encinos

Los encinos, también conocidos como robles, son árboles caducifolios, lo que significa que pierden sus hojas en ciertas estaciones del año, generalmente en otoño e invierno. Este ciclo de hojas caducas es una adaptación que ayuda a los árboles a conservar agua y energía durante los períodos secos y fríos. Además, sus raíces son capaces de crecer a través de las grietas de las rocas en busca de agua, por lo cual pueden prosperar en suelos rocosos y con baja disponibilidad de agua.

Foto: José Antonio Arias Durón, arroyo del capulín en Vaquerías, Ojuelos de Jalisco, Jalisco.

La presencia de bosques de encinos en una región suele ser un indicador de biodiversidad de fauna, por lo que estos bosques proveen hábitats ricos y variados para la fauna en los Llanos de Ojuelos. Los encinos ofrecen refugio, alimento y áreas de anidación para una gran variedad de animales, incluyendo aves, mamíferos e insectos. Algunas de las especies de encino registradas en la región son el encino chaparro (Quercus potosina), encino de los valles (Quercus laurina), encino gris (Quercus grisea), encino manzano (Quercus eduardi), encino blanco (Quercus laeta) y roble (Quercus resinosa).

Foto: Griselda Chávez Aguilar, Quercus potosina en el Cañon del Zorrillo, La Hierba de Matancillas, Ojuelos de Jalisco, Jal.

En los Llanos de Ojuelos, los encinos se localizan principalmente en cañadas, laderas y elevaciones más altas dentro de la región. Estas áreas suelen recibir un poco más de precipitación que las llanuras circundantes, lo que permite el desarrollo de estos bosques.

Foto: Josué Delgado Balbuena, Cerro del volantín, hacienda de Languillo, Ojuelos de Jalisco, Jal.

La madera de encino es usada principalmente como leña, aunque en otras regiones es apreciada por su calidad y durabilidad. En algunas ocasiones, se ha utilizado para la fabricación de muebles, construcción de viviendas y la producción de carbón vegetal. La vegetación desempeña un papel esencial en el mantenimiento de la biodiversidad local y en la provisión de hábitats para la vida silvestre en la región. Además, contribuye significativamente a la captura de carbono y a la conservación del suelo, lo que subraya su importancia ecológica y ambiental. En este contexto, contar con registros de especies que representen la diversidad de la flora en los Llanos de Ojuelos es de suma importancia. En el CENID Agricultura Familiar, se encuentra disponible un herbario que alberga registros de alrededor de 300 especies características en el semiárido, muchas de las cuales son especies autóctonas de la zona. Estos especímenes botánicos no solo constituyen un valioso patrimonio científico, sino que también ofrecen un registro detallado de la biodiversidad vegetal presente en el área. Para mayor información de los especímenes del herbario, favor de comunicarse al CENID Agricultura familiar al correo, chavez.griselda@inifap.gob.mx

Referencias bibliográficas

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Riojas-López, M. y Mellink, E. (2005). Potential for biological conservation on man-modified semiarid habitats in northeastern Jalisco, México. Biodiversity and Conservation, 14, 2251–2263.

Siqueiros-Delgado, M. E., Rodríguez-Avalos, J. A., Martínez-Ramírez, J., & Sierra-Muñoz, J. C. (2016). Situación actual de la vegetación del estado de Aguascalientes, México. Botanical Sciences, 94(3), 455-470.

Figura 1. Ubicación de Los Llanos de Ojuelos. Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Ubicados en la convergencia de los estados de Jalisco, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes y Guanajuato, Los Llanos de Ojuelos (fig. 1) conforman una región semiárida que alberga una biodiversidad peculiar, poco estudiada y valorada. Su paisaje es un mosaico de vegetación natural compuesto por pastizales, matorrales xerófíticos, bosques de encinos y pinos y humedales (represos y arroyos) entremezclado con parcelas agrícolas y ganaderas. Desde la llegada de los españoles, hace más de 500 años, la región ha sido modificada por actividades humanas como la ganadería, la agricultura y la urbanización, pero, no obstante, aún conservan hábitats silvestres que albergan una notable diversidad de flora y fauna nativas.

Figura 2. Comparación de tamaño de un ratón cosechero (Reithrodontomys fulvescens) con una rata magueyera (Neotoma leucodon)
Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

El mundo de roedores

Dentro de la fauna, destacan los roedores silvestres por su abundancia y diversidad. Aunque a menudo solo distingamos dos o tres especies, este grupo es unos de los más diversos y numerosos entre los mamíferos, con aproximadamente 2,050 especies en el mundo que incluyen ardillas, ratas, ratones, tuzas, capibaras, puercoespines, castores, por nombrar algunas, y se distribuyen en prácticamente todo el planeta.

A pesar de sus tamaños variados (fig. 2; de los 4 g hasta los 65 kg de un capibara) y de existir especies tanto diurnas como nocturnas, todas comparten una característica clave: sus dientes incisivos. Ubicados al frente de la boca, son relativamente grandes, curvos, muy afilados y con punta en forma de cincel. Debido a que crecen continuamente a lo largo de su vida, esta adaptación les permite roer materiales duros, como semillas y tallos, sin que el desgaste sea un problema, ya los incisivos volverán a crecer. Otras características que les han permitido colonizar casi cualquier hábitat en el planeta son su gran capacidad reproductiva alta y la amplia variedad de alimentos que pueden consumir que abarca desde plantas, semillas e insectos hasta huevos e incluso otros vertebrados pequeños como ranas y lagartijas.

Figura 3. Rata magueyera (Neotoma leucodon) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 4. Rata canguro (Dipodomys ordii) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

De ardillas a ratones de campo

En Los Llanos de Ojuelos se han documentado al menos 30 especies de roedores silvestres que incluyen ardillas, ratas, ratones y tuzas, cada una de ellas adaptada a condiciones y hábitats particulares. Las más comunes son el tachalote (Xerospermophilus variegatus), los ratones de campo (de los géneros Peromyscus (fig. 2) y Reithrodontomys; fig. 1), las ratas magueyeras (Neotoma spp.; figs. 1 y 3) y las ratas canguro (Dipodomys spp.; fig. 4).

Figura 5. Ardilla de Peters (Sciurus oculatus) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 6. Ratón cuatroalbo de Meseta (Peromyscus melanophrys) sobre un nopal cardón. Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Entre las ardillas, además de los tachalotes, destacan la ardilla de Peters (fig. 5; Sciurus oculatus) y la ardilla terrestre o motocle (Ictiomys sp.). La ardilla de Peters, una especie poco común que habita cerca de los arroyos donde hay árboles altos y frondosos, y el motocle que prefiere pastizales de suelo es más o menos blando. Por su parte, los llamados ratones de campo que son los más numeroso habitan prácticamente todos los ecosistemas regionales, pero no todos están en todas partes. Por ejemplo, los ratones cuatroalbos pequeños y medianos (10-25 g, Peromyscus spp.), los cosecheros (Reithrodontomys spp.) y las ratas algodoneras (Sigmodon spp.) buscan áreas con buena cobertura de hierbas. En cambio, los de cuatroalbos de mayor tamaño (30-60 g) prefieren matorrales con nopales altos, a los cuales trepan con gran agilidad, sobre los cuales construyen sus nidos (fig. 6).

Figura 7. Ratón de abazones sedoso (Perognthus flavus) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 8. Ratón de abazones de Nelson (Chaetodipus nelsoni) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Especialistas de la aridez

Otro grupo notable de roedores son los ratones de “abazones”, llamados así por las bolsas a los lados de la boca que usan para transportar las semillas que colectan. Estas especies están muy bien adaptadas a la aridez: prácticamente no beben agua en toda su vida, se alimentan estrictamente de semillas y solo en raras ocasiones comen brotes tiernos de plantas para completar su demanda de agua. Prefieren zonas abiertas, con poca vegetación y suelos arenosos que facilitan la excavación de madrigueras. Ejemplo de ellas son las ratas canguro (Dipodomys ornatus y D. ordii) y otras especies de ratones abazones, como el sedoso (Perognathus flavus; fig. 7) y el de Nelson (Chaetodipus nelsoni.; fig. 8).

Las más apreciadas

Algunas otras especies muy conocidas y apreciadas regionalmente son las ratas magueyeras de las que en la región se conocen dos especies (Neotoma leucodon y N. goldmani). Estas prefieren matorrales con arbustos de bajos a medianos, muy ramificados, y donde abundan los nopales, que son su principal alimento. La forma de los arbustos es muy importante porque los usan como sostén para construir sus madrigueras.

Pequeños gigantes del ecosistema

Aunque nuestra relación con los roedores no siempre es grata y algunas veces pueden causarnos incomodidad o desagrado, estas especies cumplen funciones ecológicas vitales:

a) Regeneración de la vegetación. Actúan como dispersores de semillas, pero también como depredadores de las mismas con lo que impiden que unas pocas especies puedan monopolizar un hábitat.

b) Ingenieros del suelo. Al excavar para construir sus madrigueras remueven y airean el suelo lo que favorece la infiltración del agua.

c) Controladores de plagas. Muchas especies se alimentan de insectos y podrían ayudar en controlar la abundancia de especies con potencial de plaga y así proteger indirectamente los cultivos.

d) Base de cadena trófica. Son alimento fundamental para aves rapaces, reptiles y otros mamíferos carnívoros.

Conclusión

La riqueza de roedores silvestres en Los Llanos de Ojuelos con su variedad de adaptaciones es un reflejo de la heterogeneidad de ecosistemas que aún persisten y denota su valor ecológico como un refugio de biodiversidad. La presencia, o ausencia de estos mamíferos pequeños sirve como un indicador de la salud del paisaje y sus cambios, ya sea por la intensificación agrícola, el sobrepastoreo o la fragmentación del hábitat. Estudiarlos, además de abrir una puerta para valorar la biodiversidad regional, también nos permite reconocer que incluso los organismos más pequeños son piezas clave del ecosistema cuya conservación está ligada al manejo responsable de nuestro territorio.

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