Ecosistemas Semiáridos: Adaptación, Coexistencia y Dependencia

Autor:
Dra. Teresa Alfaro Reyna
Categoría:
Biodiversidad
Publicada:
Sep 14, 2023

Buteo jamaicensis

Las zonas semiáridas se caracterizan por la escasez de agua y sus condiciones de temperatura extremas; sin embargo, aunque a simple vista puedan parecer inhóspitas, son hogar de una gran cantidad de formas de vida que han evolucionado de manera única. Las especies de plantas y animales de estas zonas han desarrollado relaciones interespecíficas con las variables del clima, sincronizando etapas clave en su desarrollo y reproducción con la disponibilidad de agua y temperaturas moderadas; por ejemplo, debido a la estacionalidad del periodo de lluvias y de la temperatura, las plantas han sincronizado la floración en respuesta a estos estímulos ambientales con el objetivo de maximizar su éxito reproductivo. La sincronización de la floración es esencial para asegurar que las plantas tengan la mejor oportunidad posible para la polinización y la reproducción y a menudo se asocia con el comienzo de la temporada de lluvias. Al florecer al mismo tiempo, las plantas atraen a polinizadores como abejas y colibríes que al alimentarse en diferentes plantas con abundantes flores aumentan las posibilidades de la polinización.

Foto: Teresa Alfaro Reyna, Huizache (Acacia schaffneri)

Es interesante como los ecosistemas áridos, han desarrollado diferentes adaptaciones específicas para sobrevivir. La coexistencia y la ocupación de nichos ecológicos particulares son estrategias clave que permiten a diversas especies compartir un mismo espacio y recursos limitados sin competir directamente. La coexistencia se basa en la capacidad de las especies para adaptarse y ocupar nichos ecológicos específicos, minimizando la competencia directa por recursos escasos. Esto crea una coexistencia única de especies adaptadas a diferentes funciones en el ecosistema. Cada especie tiende a ocupar un nicho ecológico particular, que es el papel funcional que desempeña en el entorno. Esto implica la utilización de recursos específicos, como alimento y agua, en momentos y formas particulares, por ejemplo, variaciones en la dieta. Muchas especies de fauna se especializan en diferentes tipos de alimentos, algunas especies son herbívoros, pero se alimentan de plantas específicas, mientras que otros se centran en partes particulares de las plantas, como las semillas o las hojas. Otra estrategia de adaptación y coexistencia es la actividad nocturna o diurna, donde diferentes especies son activas en diferentes momentos del día. Por ejemplo, los reptiles aprovechan luz solar para incrementar su actividad, mientras que la mayoría de los mamíferos prefieren la noche para evitar el calor del día.

Foto: Eduardo Alejandro Gómez Hernández, Lagartija de collar (Sceloporus torquatus)

Las condiciones climáticas, también han condicionado a estas especies a desarrollar relaciones mutualistas únicas entre plantas y animales, el mutualismo es una forma de interacción en la que ambas partes se benefician mutuamente, algunos ejemplos más notables es la relación entre las plantas con flores y sus polinizadores, como abejas, colibríes y murciélagos, donde las plantas ofrecen néctar y a cambio los polinizadores transfieren polen de una planta a otra, permitiendo la reproducción de las plantas y la producción de frutos y semillas. Por otra parte, algunas plantas producen frutos y semillas que son una fuente valiosa de alimento para diversas especies de aves y mamíferos. A medida que estos animales se alimentan de los frutos, las semillas pueden ser transportadas a otras áreas. Al defecar las semillas lejos de la planta madre, estos animales ayudan a la dispersión y la colonización de nuevas áreas para el crecimiento de las plantas. Como es el de las aves que juegan un rol importante en la dispersión de semillas de muchas especies incluidas las cactáceas.

Foto: Ángela María González Vázquez, Pinzón mexicano (Haemorhous mexicanus)

Otra forma en la que interaccionan plantas y animales es mediante la depredación, la cual juega un papel fundamental en la regulación de poblaciones y el mantenimiento del equilibrio ecológico. Esta relación depredador-presa es particularmente importante debido a la escasez de recursos. Los depredadores, como aves rapaces, mamíferos carnívoros y reptiles, desempeñan un papel vital en mantener bajo control las poblaciones de herbívoros, que a su vez podrían consumir una cantidad significativa de vegetación. Los herbívoros, como roedores y algunos insectos, pueden proliferar en ausencia de depredadores que controlen sus poblaciones. Esto podría dar lugar a un aumento excesivo en el consumo de vegetación, lo que a su vez afectaría la disponibilidad de recursos para otras especies y podría causar daños irreparables al ecosistema.

Foto: Yareth Alejandra Cervantes Leal, Cuitlacoche pico curvo (Taxostoma curvirostre)

Las interrelaciones que se han desarrollado en los ambientes áridos son muy complejas e interesantes pero fundamentales para el funcionamiento equilibrado de estos ecosistemas. Cada especie está adaptada de manera única a su nicho ecológico y está relacionada de tal manera que influyen en otras especies y en la salud en general del ecosistema. Por esta razón, es de suma importancia la conservación de los ecosistemas áridos que nos brindan mucho más de lo que somos capaces de ver a simple vista.

Referencias bibliográficas

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Sanabria, A. A. C. 2022. El Desierto Chihuahuense, un escenario de múltiples interacciones. Boletin SCME, vol 2 (7) 74-83.

Signoret, D. B. (2022). Microrreservas: una alternativa para las zonas áridas y semiáridas de México. Revista Digital Universitaria, 23(2).

Figura 1. Ubicación de Los Llanos de Ojuelos. Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Ubicados en la convergencia de los estados de Jalisco, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes y Guanajuato, Los Llanos de Ojuelos (fig. 1) conforman una región semiárida que alberga una biodiversidad peculiar, poco estudiada y valorada. Su paisaje es un mosaico de vegetación natural compuesto por pastizales, matorrales xerófíticos, bosques de encinos y pinos y humedales (represos y arroyos) entremezclado con parcelas agrícolas y ganaderas. Desde la llegada de los españoles, hace más de 500 años, la región ha sido modificada por actividades humanas como la ganadería, la agricultura y la urbanización, pero, no obstante, aún conservan hábitats silvestres que albergan una notable diversidad de flora y fauna nativas.

Figura 2. Comparación de tamaño de un ratón cosechero (Reithrodontomys fulvescens) con una rata magueyera (Neotoma leucodon)
Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

El mundo de roedores

Dentro de la fauna, destacan los roedores silvestres por su abundancia y diversidad. Aunque a menudo solo distingamos dos o tres especies, este grupo es unos de los más diversos y numerosos entre los mamíferos, con aproximadamente 2,050 especies en el mundo que incluyen ardillas, ratas, ratones, tuzas, capibaras, puercoespines, castores, por nombrar algunas, y se distribuyen en prácticamente todo el planeta.

A pesar de sus tamaños variados (fig. 2; de los 4 g hasta los 65 kg de un capibara) y de existir especies tanto diurnas como nocturnas, todas comparten una característica clave: sus dientes incisivos. Ubicados al frente de la boca, son relativamente grandes, curvos, muy afilados y con punta en forma de cincel. Debido a que crecen continuamente a lo largo de su vida, esta adaptación les permite roer materiales duros, como semillas y tallos, sin que el desgaste sea un problema, ya los incisivos volverán a crecer. Otras características que les han permitido colonizar casi cualquier hábitat en el planeta son su gran capacidad reproductiva alta y la amplia variedad de alimentos que pueden consumir que abarca desde plantas, semillas e insectos hasta huevos e incluso otros vertebrados pequeños como ranas y lagartijas.

Figura 3. Rata magueyera (Neotoma leucodon) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 4. Rata canguro (Dipodomys ordii) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

De ardillas a ratones de campo

En Los Llanos de Ojuelos se han documentado al menos 30 especies de roedores silvestres que incluyen ardillas, ratas, ratones y tuzas, cada una de ellas adaptada a condiciones y hábitats particulares. Las más comunes son el tachalote (Xerospermophilus variegatus), los ratones de campo (de los géneros Peromyscus (fig. 2) y Reithrodontomys; fig. 1), las ratas magueyeras (Neotoma spp.; figs. 1 y 3) y las ratas canguro (Dipodomys spp.; fig. 4).

Figura 5. Ardilla de Peters (Sciurus oculatus) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 6. Ratón cuatroalbo de Meseta (Peromyscus melanophrys) sobre un nopal cardón. Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Entre las ardillas, además de los tachalotes, destacan la ardilla de Peters (fig. 5; Sciurus oculatus) y la ardilla terrestre o motocle (Ictiomys sp.). La ardilla de Peters, una especie poco común que habita cerca de los arroyos donde hay árboles altos y frondosos, y el motocle que prefiere pastizales de suelo es más o menos blando. Por su parte, los llamados ratones de campo que son los más numeroso habitan prácticamente todos los ecosistemas regionales, pero no todos están en todas partes. Por ejemplo, los ratones cuatroalbos pequeños y medianos (10-25 g, Peromyscus spp.), los cosecheros (Reithrodontomys spp.) y las ratas algodoneras (Sigmodon spp.) buscan áreas con buena cobertura de hierbas. En cambio, los de cuatroalbos de mayor tamaño (30-60 g) prefieren matorrales con nopales altos, a los cuales trepan con gran agilidad, sobre los cuales construyen sus nidos (fig. 6).

Figura 7. Ratón de abazones sedoso (Perognthus flavus) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Figura 8. Ratón de abazones de Nelson (Chaetodipus nelsoni) Fotografía: Mónica E. Riojas-López.

Especialistas de la aridez

Otro grupo notable de roedores son los ratones de “abazones”, llamados así por las bolsas a los lados de la boca que usan para transportar las semillas que colectan. Estas especies están muy bien adaptadas a la aridez: prácticamente no beben agua en toda su vida, se alimentan estrictamente de semillas y solo en raras ocasiones comen brotes tiernos de plantas para completar su demanda de agua. Prefieren zonas abiertas, con poca vegetación y suelos arenosos que facilitan la excavación de madrigueras. Ejemplo de ellas son las ratas canguro (Dipodomys ornatus y D. ordii) y otras especies de ratones abazones, como el sedoso (Perognathus flavus; fig. 7) y el de Nelson (Chaetodipus nelsoni.; fig. 8).

Las más apreciadas

Algunas otras especies muy conocidas y apreciadas regionalmente son las ratas magueyeras de las que en la región se conocen dos especies (Neotoma leucodon y N. goldmani). Estas prefieren matorrales con arbustos de bajos a medianos, muy ramificados, y donde abundan los nopales, que son su principal alimento. La forma de los arbustos es muy importante porque los usan como sostén para construir sus madrigueras.

Pequeños gigantes del ecosistema

Aunque nuestra relación con los roedores no siempre es grata y algunas veces pueden causarnos incomodidad o desagrado, estas especies cumplen funciones ecológicas vitales:

a) Regeneración de la vegetación. Actúan como dispersores de semillas, pero también como depredadores de las mismas con lo que impiden que unas pocas especies puedan monopolizar un hábitat.

b) Ingenieros del suelo. Al excavar para construir sus madrigueras remueven y airean el suelo lo que favorece la infiltración del agua.

c) Controladores de plagas. Muchas especies se alimentan de insectos y podrían ayudar en controlar la abundancia de especies con potencial de plaga y así proteger indirectamente los cultivos.

d) Base de cadena trófica. Son alimento fundamental para aves rapaces, reptiles y otros mamíferos carnívoros.

Conclusión

La riqueza de roedores silvestres en Los Llanos de Ojuelos con su variedad de adaptaciones es un reflejo de la heterogeneidad de ecosistemas que aún persisten y denota su valor ecológico como un refugio de biodiversidad. La presencia, o ausencia de estos mamíferos pequeños sirve como un indicador de la salud del paisaje y sus cambios, ya sea por la intensificación agrícola, el sobrepastoreo o la fragmentación del hábitat. Estudiarlos, además de abrir una puerta para valorar la biodiversidad regional, también nos permite reconocer que incluso los organismos más pequeños son piezas clave del ecosistema cuya conservación está ligada al manejo responsable de nuestro territorio.

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